La CHD gestiona la constitución de 30 comunidades de aguas subterráneas

Casi una treintena de comunidades de usuarios de aguas subterráneas se encuentran en estos momentos en formación en las provincias de Segovia, Ávila, Salamanca y Valladolid, aunque se prevé que la cifra aumente en los próximos meses, pues han sido alrededor de 70 los ayuntamientos que han solicitado información sobre la creación de estas entidades a la Confederación. Así lo anunció ayer la jefa del Área de Régimen de Usuarios de la Confederación Hidrográfica del Duero, Concha Valcárcel, en una jornada sobre horticultura para la industria celebrada en Sanchonuño, organizada por Huercasa, la revista ‘Tierras’ y la cooperativa del campo Glus I. Más de 200 productores, agricultores y técnicos especialistas en la materia se dieron cita en este foro.

Valcárcel explicó que la figura de las comunidades de regantes en el ámbito de las aguas superficiales surgió a partir de 1985 como un instrumento adecuado para la gestión colectiva de un bien escaso. Sin embargo, ante la escasez de los últimos años se hizo necesario afrontar una nueva realidad, con una disminución de calidad y niveles de cantidad de agua.

El punto de inflexión, explicó, fue la aprobación del Plan hidrológico de la Cuenca del Duero de 2016, en el que se señalan varias masas de agua con carencias importantes, como son las de Tordesillas, Los Arenales, Medina del Campo y Tierra del Vino, que se sitúan en las provincias de Valladolid, Ávila, Segovia, Salamanca y Zamora. La treintena de comunidades en proceso de constitución se localizan en estas masas y abarcan varios términos municipales. Las superficies de regadío oscilan entre las 500 y las 4.000 hectáreas.

Unas 88.000 hectáreas

Estas cuatro grandes masas de agua subterránea de la zona central de la cuenca del Duero permiten irrigar unas 88.000 hectáreas, pero han registrado problemas por una explotación superior al ritmo de recarga de los acuíferos. Por eso, la CHD mantiene determinadas limitaciones extracción y un control constante de los niveles freáticos, con el fin de «asegurar su conservación», señaló la jefa del Área de Régimen de Usuarios de la CHD.

Con la pérdida de niveles se establecen restricciones, entre ellas no otorgar nuevas concesiones y no permitir cambios en las existentes, lo que obligó a la Administración a poner en marcha herramientas y figuras que en otras cuencas ya existían, pero que en el Duero aún no se habían aplicado. Así, se plantean distintas situaciones, como la de comunidades de usuarios de regantes por convenio, cuya principal característica es contar con un número de participantes reducido y de las que se han creado casi 200 en los últimos años. Según explicó Valcárcel, son relativamente sencillas de constituir y se parte de un derecho que se modifica con una ampliación de superficie de rotación.

La segunda herramienta es la puesta en marcha de comunidades de usuarios de aguas subterráneas, figura ya existente en las aguas superficiales. La representante de la CHD indicó que en estos momentos se está comenzando con la creación de algunas y que muchas han empezado ya a redactar sus ordenanzas y reglamentos, «no con pocas dificultades», afirmó. Admitió Valcárcel que «todos estamos expectantes por conocer el resultado, pero si la situación no mejora notablemente, es la mejor herramienta».

Capacidad de decisión

Entre las ventajas de estas comunidades, Valcárcel señaló una mayor capacidad de decisión de sus integrantes por la presencia en los órganos de participación de las confederaciones, además del ahorro de costes individuales en cuestiones como contadores, tarifas energéticas o mejoras en los aprovechamientos. El otro gran beneficio, destacó, es la mayor flexibilidad en el uso del agua, ya que en las comunidades el volumen máximo asignado a los derechos individuales, bajo la gestión de los usuarios, «se reparte entre los partícipes en cada campaña en función de las demandas y disponibilidades, sin necesidad de modificar la concesión». De esta manera, se logra un funcionamiento flexible adecuado para cultivos exigentes en agua y suelos, que requieren rotación anual de parcelas, como la remolacha o los cultivos hortícolas.

Para la tramitación del expediente administrativo de creación, «la CHD dispone de personal especializado y, una vez constituida la comunidad, es posible suscribir acuerdos de apoyo técnico y económico, sin olvidar la opción de incorporarse a las federaciones o asociaciones del sector», expuso Valcárcel. Añadió que las comunidades son un instrumento adecuado «para la gestión colectiva de un bien escaso como el agua, de cuyo uso racional dependen el interés general, la productividad de las explotaciones y el futuro sostenible del medio rural».

Fuente: El Norte de Castilla