El poder de la narrativa

El estudio español independiente Deconstructeam vuelve a sorprender con su último lanzamiento, ‘The Red Strings Club’, un título que apuesta por la narrativa como herramienta para exprimir la mente del jugador. Lo hacen demostrando de nuevo que el videojuego español está más que vivo. No en vano, la Asociación Española de Empresas Productoras y Desarrolladoras de Videojuegos y Software de Entretenimiento (DEV) presentó hace unas semanas la edición 2017 del ‘Libro Blanco del desarrollo español de videojuegos’ con cifras que apuntalan la buena salud del sector.

Durante el 2016 facturó 617 millones de euros, un 21 % más que 2015; e incrementó su plantilla un 22 %, alcanzando los 5.440 profesionales. Por otro lado, la publicación hacía referencia al videojuego español como «una industria que ha entrado, por primera vez en los últimos años, en una fase de consolidación». En contraposición a estos datos, el año también comenzaba con un anuncio del Ministerio de Energía y Agenda Digital del recorte en aproximadamente dos millones de euros de ayudas al sector.

Ahora bien, recortes arriba o recortes abajo, lo cierto es que talento no falta y no son pocos los videojuegos patrios que han sabido ganarse el corazón de crítica y público. Es el caso del estudio Deconstructeam, que sorprendieron en 2014 con la obra ‘Gods will be watching’, una aventura de lo que en la jerga se denomina ‘point & click’, lo que podría traducirse literalmente como «apuntar y hacer click». Es decir, se trata de ese género en el que se progresa interactuando con los escenarios que se muestran en pantalla, generalmente repletos de detalles. La gran aportación de aquel título fue el peso de la narrativa, guiada por las decisiones morales que ponían al jugador en continuos bretes.

El estudio, conscientes ahora de que su talento ha sido bien recibido, han vuelto con ganas de exprimirlo al máximo. El resultado no es otro que ‘The Red Strings Club’, en el cual los usuarios volverán a disponer de un guion aún más preciso y trabajado que su anterior videojuego, y novedades a la hora de interactuar para refrescar la jugabilidad. La premisa de esta nueva es la siguiente: ¿qué pasaría si se pudiese eliminar de la Tierra la depresión, la ira y el sufrimiento?

Una corporación ha encontrado la vía para hacerlo, denominada ‘Bienestar Psíquico Social’, pero su impacto puede no ser el que aparenta. De hecho, nuestro principal protagonista considera que todo es un lavado de cerebro a gran escala. Este es Donovan, un barman que regenta un bar de cócteles dispuesto a iniciar su propia cruzada junto a sus histriónicos compañeros. Así comienza una aventura que vuelve a hacer gala del valor de una buena narrativa en los videojuegos. Los diálogos se convierten de esta forma en el elemento principal de ‘The Red Strings Club’, y como buen barman, los usuarios deberán escuchar a los diferentes personajes que se cruzarán en su camino.

Conocer qué temen, qué les preocupa, qué les gusta y qué intenciones tienen mediante el arte de conversar será su principal tarea, pero el interés que despierta cada trasfondo y su impacto en la trama te mantiene enganchado. Uno de los aspectos más curiosos es, de hecho, el mini juego mediante el cual los jugadores pueden preparar cócteles para los personajes secundarios. Según la receta seguida es posible alterar su estado de ánimo de una manera u otra y de esta forma sonsacar distinta información.

Asimismo, el título invita al jugador a estrujarse los sesos preguntándose continuamente si esa era la vía correcta o si esta decisión puede ser fatal. La posibilidad de tomar notas en una libreta o las múltiples ramificaciones por las que se puede suceder el relato son ingredientes suficientes para hacer de ‘The Red Strings Club’ un juego notable. Se trata, eso sí, de un título que requiere pausa, de los que piden paladearlos y dejarse embaucar por su trama.

Cabe destacar además el aspecto visual del juego, con un estilo ‘pixel-art’ muy conseguido, en la línea de su anterior trabajo. No obstante, la apuesta por el guion de los chicos de Deconstructeam vuelve a ser su principal fuerte, digna de elogio y demostración de que los videojuegos son capaces de ofrecer experiencias que ningún otro medio es capaz.

Fuente: El Norte de Castilla